Un Cementerio Con Historia

CEMENTERIO DE AZUL Homenaje a la majestuosidad de la muerte y a la síntesis histórica La ciudad de Azul, provincia de Buenos Aires, Argentina, rinde homenaje a la majestuosidad de la muerte, con una imponente escultura hecha en 1938, por el arquitecto Francisco Salamone. Esta escultura representa un ángel flamígero con una espada en las manos, Como dijo alguien, pareciera que estuviera marcando la frontera entre la vida y la muerte; además esta representando para los creyentes la esperanza de la resurrección. Entrando ya al interior del cementerio encontramos dos cenotafios que rinden homenaje a los muertos de los dos grandes partidos políticos cuya ideología la podemos considerar fundacional de la argentina moderna. Uno es en homenaje a los muertos en la Revolución Radical, de 1890 y el otro es en homenaje al Teniente General Juan Domingo Perón y a su esposa Maria Eva Duarte. Es como si esta Ciudad Cervantina, de profundas raíces Pampas, en la que hace años, se señoreaban los pueblos originarios, tierra en que tantos desencuentros se produjeran, quiere ser hoy la heredad de la síntesis unificadora de tantos años de desencuentros.





A los desaparecidos de toda la tierra, de todas las épocas por distintos motivos, quienes con su sacrificio han hecho posible que "la muerte le enseñe a los vivos" a soñar con un Mundo lleno de respeto por las ideas del otro.







José Vicente Cuenca Phd Departamento de Antropología Universidad Nacional de Colombia Santa Fé de Bogotá, 1994


viernes, 27 de julio de 2012

Monseñor Cesar Caneva

Por Enrique C. Rodríguez
La tarea de seleccionar el material para esta reseña ha sido muy difícil, ya que en su dilatada y fructífera actuación en Azul, Monseñor César Cáneva
dejó obras tan importantes que hasta parece injusto rememorar algunas para dejar de lado otras.
Nos hemos basado en el exhaustivo libro “ El Padre Cáneva “ que escribiera el sacerdote César Hernán Villamayor ( Tandil, Imprenta Grafitan, 1974 ).
Quien desee profundizar en el tema podrá también recorrer la erudita obra del Profesor Exequiel Ortega, publicada por el Diario El Tiempo de nuestra ciudad.
César Antonio Cáneva nació en la villa de Carlazzo, Provincia de Como, Italia, el 27 de Marzo de 1874.
El pequeño pueblito contaba en ese entonces con menos de mil habitantes.
Fue hijo de Pedro Cáneva y de María Castelli. Tuvo dos hermanas, Inocencia y Margarita.
La tragedia lo sacudió desde pequeño: a los 11 años pierde a su madre, afectada de una enfermedad incurable.
Su padre, acongojado, emprendió un viaje por distintos puntos de Europa, y al regreso, tomó la decisión que tanto beneficiaría a nuestra ciudad: emigrar a
la Argentina.
E
l viaje se realizó en 1888. Don Pedro y César se establecieron en casa de un familiar, Antonio Castelli, en la ciudad de San Nicolás.
Este lo empleó de inmediato como mandadero en el almacén de Ramos Generales “ La Buena Medida “, de Don Angel Cacivio.
César debió interrumpir sus estudios. La alternativa era de hierro: o los libros o el trabajo. En esos duros años no había tiempo para ambas cosas.
En 1891 trabó amistad con dos sacerdotes que resultarían de fundamental importancia para el surgimiento de su vocación: el capellán del Hospital, David Cánepa; y el cura vicario de la parroquia de San Nicolás, José María Cambra.
Ellos lo alentaron para que ingrese en el Seminario de Buenos Aires.
Tras los estudios correspondientes, fue ordenado sacerdote el 21 de Diciembre de 1901 en la iglesia de San Ponciano, de la ciudad de
La Plata.

La tarde del 13 de Julio de 1903, en el Ferrocarril Sud, llegó César a nuestra ciudad, para hacerse cargo interinamente de la parroquia.
Nos cuenta Villamayor que el hombre que manejaba el “ mateo “ no descendió del pescante para ayudarlo con su equipaje, y casi de lástima, lo trasladó hasta la esquina de Burgos y Belgrano, frente a la Sociedad Francesa, donde vivía y celebraba misa en improvisada capilla el cura párroco Manuel Pujato.
Años mas tarde, Cáneva habría de confesarle a un amigo que al aceptar la responsabilidad, sintió miedo, por lo que en una santería de Buenos Aires compró una pequeña imagen de la Virgen de Luján, que trajo consigo, bajo el brazo.
Una obra imponente lo esperaba: hacerse cargo de la continuación de la obra de construcción de la Iglesia, cuya piedra fundamental se había colocado en 1900.
Los tiempos eran duros y los recursos escasos. Iba poca gente a los oficios de los domingos, y los feligreses no se atrevían a llamar al sacerdote para asistir a sus enfermos.
Corrían tiempos de escepticismo religioso y de predominio de la masonería.
Como decía un personaje de aquella época: “ laicos son nuestra cuna y nuestro hogar, nuestra escuela y nuestra tumba “.
Este es el panorama que encuentra Cáneva en Azul.
Muchos recordarán el episodio de Corpus Christi, en 1904: la procesión recién había comenzado cuando desde los balcones del Centro Español, un grupo de personas comenzó a agredir a la columna, con disparos al aire, piedrazos e insultos.
El sacerdote y los hombres y mujeres que lo acompañaban, unos doscientos, no se acobardaron y la celebración siguió su curso.
Los agresores fueron detenidos, y al día siguiente, el Padre Cáneva, en noble gesto, intercede ante el Comisario para que sean puestos en libertad.
El 7 de octubre de 1906, día de la patrona de Azul, Nuestra Señora del Rosario, la obra está lista: se inaugura nuestro templo mayor, aquel sobre el cual alguien diría : “ una exageración para su tiempo, fue un acierto y orgullo para el porvenir
Cáneva y sus fieles habían logrado su objetivo, bien que la tarea tuvo recién su culminación en mayo de 1921, con la bendición del altar mayor .
En 1911, la viruela diezma a nuestros indios pampas, y Villa Fidelidad fue aislada del resto de la población por un cordón de tropas del ejército, como medida sanitaria.
En aquellas jornadas, junto a la abnegación y el sacrificio del Dr. Angel Pintos, se vio recorrer de toldo en toldo al Padre Cáneva, auxiliando espiritualmente en sus últimos momentos a los silenciosos hijos del desierto.
Diría luego el sacerdote refiriéndose a los pampas “ me recibieron bien, son muy pobres y tristes...no son feroces ni malos sino más bien humildes y sumamente sensibles...les duele el desprecio y la miseria en que se encuentran viviendo
Dicen los memoriosos que es de esa época que le quedó a Cáneva la costumbre de fumar toscanos, ya que el Dr. Pintos le había dicho que eran útiles para evitar el contagio.
Ese mismo año fallece en Como, Italia, su padre Don Pedro, por lo que decide visitar a su familia en Italia. Una vez allí, y con su hermana Margarita, viajan a Suiza, para ver a su otra hermana Inocencia, que se había casado con un farmacéutico de Lucerna.
Tras el cálido reencuentro, se traslada al Vaticano, donde es recibido por el Papa Pío X, en audiencia que le deja un imborrable recuerdo.
Y luego de ello, visita Lourdes y Castres. En esta última ciudad francesa, sede de las Hermanas de la Inmaculada Concepción, solicita el envío de religiosas a nuestra ciudad, a fin de que lo auxilien en su tarea benéfica.

A grandes trazos, consignaremos parte de la obra de Monseñor Cáneva en nuestra ciudad.
En 1915 fundó “ La Revista “, órgano semanal de la Parroquia, que se imprimía en los talleres gráficos del Asilo San Antonio, siendo destinado el dinero de su venta para la asistencia de los niños huérfanos allí alojados.
Este Asilo fue otro de los frutos del accionar de Cáneva. Inaugurado en 1911, poseía talleres de encuadernación y zapatería, y muchos niños azuleños aprendieron allí un oficio. Lo dirigía María Gómez de Enciso, a quien hemos recordado en otra crónica.
Azul crece, convirtiéndose de pueblo en ciudad. Los barrios adquieren fisonomía propia.
En dirección Sudoeste, aparece la primera villa industrial, en derredor de la Cervecería Piazza. Allí el accionar de Cáneva y los laboriosos vecinos logran erigir la Capilla del Carmen , cuya piedra fundamental se coloca el 16 de Julio de 1926, ante tres mil personas.
Ese mismo año cumple sus bodas de plata con el sacerdocio, y el pueblo azuleño le obsequia un cáliz de oro, el que se expone en la Joyería Calderaro. Las celebraciones se prolongaron durante tres días,pese a la humildad de Cáneva, que rechazaba todo homenaje.
Otras de sus realizaciones fueron el Asilo de Ancianos, inaugurado en 1924, el que contó con la incomparable dirección de Doña Ernestina Darhanpé de Malere; y el Hogar Buen Pastor, que nació en 1932 bajo la tutela de las Hermanas del Buen Pastor de Angers ( Francia ) para proteger a las ñiñas desamparadas.
En 1933, por ley 11.715, se creó la Diócesis de Azul, y al año siguiente, Cáneva fue designado su Obispo, ante el regocijo de toda la población.
Recordemos lo que dijera en la oportunidad: “ Si ser Obispo es un honor, no lo acepto, pero si es un martirio, sí lo acepto “.
Su asunción dio lugar a un gran acto público, que tuvo lugar el 24 de febrero de 1935. Una de sus primeras medidas fue hacer pintar en su escudo el Callvú Leovú, en homenaje a esta tierra que tanto lo amara.
Cuanta gestión hubo que hacer en beneficio de Azul, tuvo su apoyo, en defensa de las fuentes de trabajo y de los derechos de asociación de reseros, carreros y canillitas.
También participó en asambleas populares pro restauración de las finanzas de Azul, cuando se produjo la liquidación del Banco Comercial, influyendo para que su sucesor, el Nuevo Banco de Azul, abriera sus puertas a la confianza ciudadana.
Su último y gran logro fue, sin dudas, el Seminario Diocesano, magnífico edificio inaugurado el 15 de Marzo de 1945 para albergar las vocaciones sacerdotales.
En 1951 celebró sus bodas de oro con el sacerdocio, ocasión en que el pueblo vuelve a tributarle un multitudinario homenaje.
Su salud declinó rápidamente, falleciendo el 25 de Mayo de 1953, a los 79 años, ante el dolor de su querido Azul.
Fue sepultado en el Seminario, siendo acompañado el cortejo fúnebre por miles de personas, muchas de las cuales se llegaron a pie hasta su última morada.
Para finalizar, he aquí parte de su testamento:
Declaro que no tengo herederos forzosos ni descendientes. He nacido pobre y pobre quiero morir. Todo lo que me ha venido de la mano de Dios...ha sido destinado para el culto...Recomiendo a la caridad de los fieles la última obra que he podido realizar: el Seminario Diocesano de Azul, en cuya Iglesia quisiera ser sepultado...

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