Un Cementerio Con Historia

CEMENTERIO DE AZUL Homenaje a la majestuosidad de la muerte y a la síntesis histórica La ciudad de Azul, provincia de Buenos Aires, Argentina, rinde homenaje a la majestuosidad de la muerte, con una imponente escultura hecha en 1938, por el arquitecto Francisco Salamone. Esta escultura representa un ángel flamígero con una espada en las manos, Como dijo alguien, pareciera que estuviera marcando la frontera entre la vida y la muerte; además esta representando para los creyentes la esperanza de la resurrección. Entrando ya al interior del cementerio encontramos dos cenotafios que rinden homenaje a los muertos de los dos grandes partidos políticos cuya ideología la podemos considerar fundacional de la argentina moderna. Uno es en homenaje a los muertos en la Revolución Radical, de 1890 y el otro es en homenaje al Teniente General Juan Domingo Perón y a su esposa Maria Eva Duarte. Es como si esta Ciudad Cervantina, de profundas raíces Pampas, en la que hace años, se señoreaban los pueblos originarios, tierra en que tantos desencuentros se produjeran, quiere ser hoy la heredad de la síntesis unificadora de tantos años de desencuentros.





A los desaparecidos de toda la tierra, de todas las épocas por distintos motivos, quienes con su sacrificio han hecho posible que "la muerte le enseñe a los vivos" a soñar con un Mundo lleno de respeto por las ideas del otro.







José Vicente Cuenca Phd Departamento de Antropología Universidad Nacional de Colombia Santa Fé de Bogotá, 1994


domingo, 29 de marzo de 2015

MARIA DE LAS NIEVES CLARA GIMENEZ


Por Eduardo Agüero Mielhuerry

María de las Nieves Clara Giménez nació en Azul el 2 de mayo de 1886. Sus padres fueron el estanciero Evaristo Giménez (español) y María Leontina Brital (francesa). El matrimonio tuvo al menos otros ocho hijos: Evaristo, María Leontina, Ernesto Augusto, Adolfino, Pilar Obdulia, Adolfina Natividad, Eduardo Marcial y Julia Carlota
La flor de la vida…

Hacia 1906, “Santita” -como la apodaban cariñosamente-, tenía apenas 20 abriles cuando comenzó a frecuentar nuestra ciudad un joven abogado porteño radicado en Bahía Blanca. No se sabe exactamente cuándo ni cómo se conocieron, pero se dice que se vieron por primera vez en la Plaza Colón (actual Gral. San Martín), en una kermés en la que, entre todas las damas, la joven hacía gala de su fina estampa y elegante figura.

Dos años más tarde, el 12 de noviembre de 1908, por la mañana, ante el jefe del Registro Civil de Azul, Eusebio Zapata, María de las Nieves y Bartolomé José Ronco (hijo de Juan Ronco y Manuela Díaz, nacido el 7 de julio de 1881), contrajeron matrimonio. La ceremonia religiosa se llevó a cabo el mismo día, a las 21, en la por entonces flamante Iglesia Parroquial Nuestra Señora del Rosario.

La joven pareja se radicó en Bahía Blanca, donde Bartolomé fue nombrado secretario de la Cámara de Apelaciones del Departamento Judicial de la Costa Sud. Poco después, el 6 de octubre de 1909, en aquella ciudad, nació Carlota Margarita Ronco, la única hija del matrimonio.

Años después, tras la creación en 1915 del Departamento Judicial del Sudoeste con asiento en Azul, la familia se instaló en nuestra ciudad, en una amplia casona situada en la esquina Norte de las calles Burgos y Tucumán (actual Dr. Palmiro Bogliano), propiedad que, extendiéndose sobre la primera arteria, prácticamente llegaba hasta la calle Corrientes donde estaba el llamado “Jardín de Zapata”.

Coleccionista al igual que su marido, Santa atesoró varias decenas de abanicos, más de medio millar de botellitas y unas ochocientas cajas de fósforos. También tuvo una gran predilección por los Mantones de Manila.

En el verano de 1924, la familia vacacionó unas semanas en Mar del Plata, ciudad que por entonces se estaba posicionando como punto turístico. El mismo año, los tres viajaron a Chile, y en Valdivia visitaron al gran araucanista Fray Félix José de Augusta, de la orden capuchina.

Ilusiones marchitas 

Quince años tenía Carlota Margarita Ronco cuando la muerte la sorprendió el 10 de marzo de 1925. Una enfermedad incurable en aquellos años apagó su luz en Buenos Aires, ciudad a la que sus padres la habían trasladado esperanzados en salvarla.

La angustia de Santa y Bartolomé tras la pérdida de la niña fue visible en sus rostros hasta sus últimos días. Ella no halló ningún mantón que la protegiera del frío de esa pérdida imposible de dimensionar o describir cabalmente… El resto de su vida se dedicó a preservar recuerdos, a guardar instantes detenidos en el tiempo…

Sin embargo, con ahínco el matrimonio concibió a la ciudad de Azul como a esa hija adorada y pusieron en ella sus mayores esfuerzos.

A mediados del fatídico año el matrimonio viajó a Neuquén. Se trasladaron en un automóvil -comprado para la ocasión- desde Zapala, hasta la estancia de Félix San Martín, situada a orillas del Arroyo Quila-Chanquil. Dicho viaje quedó registrado en una pequeña publicación que Bartolomé hiciera en 1926 bajo el título “Por Huellas Andinas”: “Ya en puntos distintos y otras veces, había atravesado montañas iguales y había llegado a las hoscas encrucijadas de su corazón y su grandeza, y acompañado por mi hijita, en esas travesías, había descuidado la belleza del panorama espléndido para seguirla a ella en su ruidosa alegría infantil; y quería, recordando aquellas horas felices, sentirla a mi lado nuevamente como entonces, y empaparme, hasta retorcerme, en la nostalgia de lo que se fue para siempre y en la tristeza infinita de la soledad de los paisajes y de mi propio espíritu (…).”.

Sin dudas, Santa y Bartolo no sólo compartieron la audaz experiencia de transitar tantos kilómetros en auto, sino también cada uno de los sentimientos que él dejó expresados en aquel pequeño cuadernillo.

Nuevos aires…  

La vida debía seguir. Santa sabía que no podía detenerse en el inmenso dolor de la pérdida de su hija. Así, comenzó una importante tarea comunitaria que la llevó a cofundar, junto a Elisa Vergez de Ramongassie, la Escuela Profesional de Mujeres, de la que fue presidenta por decisión unánime de la Comisión Directiva que el sábado 12 de enero de 1929 la nombró al frente de dicha institución.

Su labor social no se detuvo ahí. Por esa misma época, integró también la comisión fundadora de la “Liga de Madres de Familia”, realizando allí una intensa obra de caridad.

Paralelamente, hacia 1930, por sugerencia de Santa, el matrimonio estableció su nuevo domicilio en la casa de Gral. San Martín N° 362, esquina Rivadavia. Su propietario original había sido Mariano Roldán (fundador de la ciudad de Benito Juárez), luego pasó a manos de Dominga Birabent de Arieu (cuyas iniciales aún se hallan grabadas en los cristales de la puerta cancel del zaguán), y cuando el matrimonio se instaló en ella, ya pertenecía a la hermana de Santa, Leontina Giménez de Arieu. Allí funcionaron, inicialmente el Asilo de Huérfanas “Sagrado Corazón”, y luego brevemente el Banco de la Nación Argentina; además, entretanto, el edificio también fue casa de familia.

En el nuevo hogar, ella se dedicó con pasión a las plantas, en especial a sus cactus y sus magnolias, y a las varias decenas de pajaritos que tenía en un vistoso jaulón en el centro del patio, aves que un día -algunos dicen, ebrio- Bartolomé dejó en libertad.

Por amor a Dios y a los niños

Mujer de una profunda religiosidad, contribuyó muchísimas veces con las obras emprendidas por el Padre César Cáneva y las Carmelitas Descalzas. De hecho, el 15 de noviembre de 1943, quedó conformada la Comisión Administradora del Hospital Municipal y Asistencia Pública, presidida por Lidia Lafontaine y acompañada, entre otras, justamente por María de las Nieves como vocal.

Además, fue una de las fundadoras de la Sociedad Protectora de Niños Pobres y llegó a ocupar la vicepresidencia, acompañando a la docente Argentina Diego, quien la dirigió por mucho tiempo con gran firmeza y cálido liderazgo.

Esta comisión logró conformar el Instituto de Puericultura y Consultorio Médico Gratuito. Empero siguieron luchando para lograr una sede propia, y al fin la inauguraron en la esquina Sur de las calles Entre Ríos y Gral. Uriburu (actuales Dr. Alfredo Prat e Intendente Prof. Rubén C. De Paula), donde el 30 de agosto de 1949 se habilitó el Hospital Materno Infantil.

Del 28 al 30 de junio de 1931, la Biblioteca Popular de Azul -siendo Bartolomé su presidente- organizó en su sede la “Exposición Martín Fierro”, la cual exhibió por primera vez en la ciudad el valiosísimo material perteneciente al doctor Ronco.

El perpetuo recuerdo 

A pesar de la ausencia de “Margot”, María de las Nieves hizo de su hogar un sitio cálido y acogedor. Con variadas obras de arte, principalmente exquisitos cuadros, arreglos florales y sillones bordados por sus propias manos en petit point, tarea ésta que se constituía en su frecuente pasatiempo. Empero el matrimonio comenzó a vivir momentos difíciles…

Abnegada, Santa no tuvo otro remedio que aprender a convivir con sus propios fantasmas, porque ella estaba perdidamente enamorada de “Bartolo”, lo amaba con vehemencia… Sin embargo, a pesar de los años vividos juntos, de las pasiones compartidas y del amor que se profesaban, él jamás había dejado de ser el “eterno conquistador”.

A finales de 1931, Bartolomé decidió viajar solo a Europa, y emprendió una travesía que duró seis meses en el crucero alemán de lujo “Cap Arcona” (el cual poseía suite real, camarotes victorianos, jardín de invierno, gimnasio, cancha de tenis, etc.). El itinerario fue: Montevideo, Santos, Cádiz, Sevilla, Madrid, Irún, París y Génova (donde pudo visitar a sus parientes).

Ella lo esperaba, bordando, soñando, negando la realidad… ella lo amaba.

Ronco volvió y, una vez más, se ensimismó en sus libros y proyectos.

El 8 de noviembre de 1939, ella fue elegida por una distinguida reunión de damas para presidir la Comisión del Patronato de Leprosos.

En 1944, María de las Nieves y su esposo, fueron los acongojados artífices de la construcción del Cantoncillo “Santa Margarita” en la esquina de las calles Bolívar y Gral. Uriburu (actual Intendente Prof. De Paula), el cual fue donado a la Municipalidad de Azul. Una carta de la época afirma: “Hemos construido, por nuestra exclusiva cuenta, una plazuela que hemos denominado Cantoncillo Santa Margarita, lo primero para corresponder con la situación urbana y a su estructura, y el advocativo, por razón de un sentimiento íntimo y personal. El vocablo Cantoncillo, en su significado de ‘pequeño rincón’, es muy usual en ciudades y pueblos de España… (…) Sentimos ese vocablo como una palabra pronunciada por un niño, así como deseamos para ese rinconcito la alegría de muchos niños jugando… (…)”.

El 8 de abril de 1945, cuando fue inaugurado el Museo Etnográfico y Archivo Histórico “Enrique Squirru”, María de las Nieves donó diversas piezas de sus colecciones personales.

El 11 de mayo de 1948 se llevó a cabo en el Cine Teatro San Martín un homenaje a Ronco por su fructífera obra cultural. El acto fue organizado por una comisión encabezada por el Obispo Monseñor César Cáneva, el intendente Ernesto Malére, e integrada por destacados vecinos. Dio un concierto la pianista Lía Cimaglia Espinosa y recitó el poema de su autoría, “Mensaje cordial”, la azuleña María Aléx Urrutia Artieda.

Con una sala colmada, una foto preservó para la posteridad el instante en que Santa y Bartolo se abrazaron fuertemente en medio del escenario, borrando cualquier mal momento vivido. Volvieron a ser una sola alma. Los aplausos fueron abrumadores…

Ese mismo año, en la Biblioteca se organizó una exposición con los cuadros de temas camperos de su padre, el pintor y acuarelista Evaristo Giménez, que también fueron expuestos en Buenos Aires en las famosas “Galerías Witcomb”.

Longeva soledad 

El 6 de mayo de 1952, cuando falleció Bartolomé José Ronco, Santa comenzó una nueva etapa en su vida como custodia de los tesoros familiares y referente cultural de la ciudad, manteniendo siempre las puertas de su casa abiertas de par en par…

Al año siguiente, contrató a la que convertiría en su Ama de Llaves y leal compañera hasta el final de sus días, la gentil Elsa Fernández de Villanueva.

El 30 de mayo de 1964, María de las Nieves decidió donar un terreno de su propiedad en Ariel para que se construyera en él de una plaza. Los concejales de la Unión Cívica Radical del Pueblo, Martín Arrouy Prat y León A. Zitta se ocuparon de interesar al intendente Pedro Armando López en fijar los diversos detalles necesarios para embellecer el espacio verde junto al establecimiento educacional a construirse (Escuela N° 25).

De la famosa biblioteca de Ronco, que ocupaba tres espaciosas habitaciones contando con unos 12.000 volúmenes de riquísima variedad, muchos de cuyos libros habían sido prolijamente reencuadernados por Santa, la sección jurídica, de unos 2.500 volúmenes, integrada por colecciones completas de fallos de la Corte Nacional y Provincial y recopilaciones de leyes, antiguas y modernas, fue vendida por la viuda al Colegio de Abogados de Azul. Aunque recibió múltiples y suculentas ofertas por el resto de las colecciones, ella jamás las aceptó, porque desde siempre supo que todos esos libros debían quedar para la ciudad.

Dentro de las tantas instituciones azuleñas con las que contribuyó, Santa colaboró denodadamente con el Centro Numismático y Literario “Bartolomé Mitre”, donde desarrolló una exquisita obra cultural.

Impulsada por Santa a pesar de su avanzada edad, en la Delegación Azul del Colegio de Escribanos, entre el 11 y el 19 de noviembre de 1972, se llevó a cabo la “Exposición del libro Martín Fierro”. Fue organizada por la Subsecretaría de Cultura de la Provincia de Buenos Aires y la Comisión de Cultura Municipal, en adhesión a la celebración del centenario de la aparición de la obra hernandiana, reeditando así la muestra realizada en 1931.

Tan longeva como la preciosa camelia de su jardín, a los 98 años, María de las Nieves Clara “Santa” Giménez de Ronco, falleció en el Sanatorio Azul el 28 de diciembre de 1984.

En la Parroquia San Antonio de Padua se llevó a cabo una misa de cuerpo presente. En el sepelio en el Cementerio Único, hicieron uso de la palabra, por la “Sociedad Protectora de Niños”, María Elena De la Torre de Casado y, por la “Liga de Madres de Familia”, Irma Irigoyen de Polero.

A través de su última voluntad, legó su hogar con sus maravillosas bibliotecas y colecciones a la Biblioteca Popular de Azul “Bartolomé J. Ronco”.






tumba que guarda los restos de la Famila Ronco